Obesidad: causas y tratamientos

Qué es la obesidad

La obesidad es una enfermedad causada por la presencia excesiva de grasa corporal, cuya acumulación puede tener consecuencias negativas para la salud. Se trata de una enfermedad en sí misma, si bien se relaciona con la aparición de otras patologías.

Grados y diagnóstico de obesidad

El IMC (índice de masa corporal) es un indicador simple que se utiliza para identificar los casos de sobrepeso y obesidad. Se calcula dividiendo el peso (en kilogramos) entre la altura (en metros) al cuadrado (kg/m2 ).

Un valor de IMC superior a 30 se considera obesidad. Entre 25 y 30 se define como sobrepeso. Más en detalle, según el IMC tenemos los siguientes grupos:

  • IMC inferior a 18,5. Bajo peso. Tener un peso inferior al normal también puede determinar problemas de salud.
  • IMC entre 18,5 y 24,9. Es el rango de IMC deseable.
  • IMC entre 25 y 26,9. Sobrepeso grado I.
  • IMC entre 27 y 29,9. Sobrepeso grado II (preobesidad).
  • IMC entre 30 y 34,9. Obesidad tipo I.
  • IMC entre 35 y 39,9. Obesidad tipo II.
  • IMC entre 40 y 49,9. Obesidad tipo III (obesidad mórbida).
  • IMC igual a 50 o superior. Obesidad tipo IV (obesidad extrema).

El IMC tiene la ventaja de la simplicidad, pero presenta inconvenientes. El más importante es el no poder distinguir entre grasa y masa magra.

De este modo, el IMC debería ser contemplado como una medida preliminar para identificar potenciales casos de obesidad. Para poder constituirse como un método de diagnóstico se debería complementar con otras herramientas. Una de ellas podría ser la circunferencia de la cintura. Ambas variables, en conjunto, serían buenos predictores del riesgo para la salud.

La circunferencia de la cintura supone un aumento del riesgo para la salud:

  • A partir de 94 cm en hombres y 80 cm en mujeres.
  • El riesgo se considera muy aumentado a partir de 102 cm en hombres y 88 cm en mujeres.

Tipos de obesidad: distribución de la grasa

El exceso de grasa que se acumula en el organismo es el que define la presencia de obesidad. El exceso de energía se deposita en forma de triglicéridos en las células del tejido adiposo o adipocitos. Según la localización mayoritaria de esta grasa, se pueden diferenciar tres tipos de obesidad:

  • Obesidad ginoide, periférica o gluteofemoral. Se caracteriza por la localización del exceso de grasa en la zona de los muslos y glúteos. Esta tipo de distribución de la grasa es más común en las mujeres. Estos depósitos de grasa están relacionados con reservas de energía para apoyar las demandas durante el embarazo y la lactancia. Esta obesidad se relaciona con problemas venosos en extremidades inferiores.

  • Obesidad androide, central o abdominal. Se caracteriza por la localización del exceso de grasa alrededor de la cintura y el abdomen. Esto determina una mayor presencia de grasa al rededor de las vísceras o grasa visceral. Esta obesidad se relaciona con un mayor riesgo de padecer hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares y diabetes tipo 2.

  • Obesidad de distribución homogénea. La grasa se distribuye de forma homogénea en todo el cuerpo.

Epidemiología de la obesidad

La obesidad es una enfermedad que afecta cada vez a más gente. Desde 1975, los casos de obesidad prácticamente se han triplicado en todo el mundo.

Obesidad en el mundo

Según la Organización Mundial de la Salud, en 2016, el 39% de las personas mayores de edad (más de 1.900 millones) tenían exceso de peso. El 13 % de las personas mayores de edad a nivel mundial eran obesas (más de 650 millones).

En cuanto a la obesidad infantil, en 2016, 41 millones de niños menores de cinco años tenían sobrepeso o eran obesos. De igual modo, 340 millones de niños y adolescentes (de 5 a 19 años) tenían sobrepeso u obesidad.

Además, los expertos estiman que la obesidad continuará creciendo, con un incremento añadido del 33 % en las 2 próximas décadas. Esto supondrá un gran impacto para la salud a nivel global.

Obesidad en España

En España, casi dos de cada tres personas adultas presentan exceso de peso (sobrepeso u obesidad). El 22 % de la población adulta presenta obesidad y el 39 % sobrepeso, según datos recogidos en el estudio ENPE.

En cuanto a los datos sobre obesidad infantil, el 23 % de los niños entre 6 y 9 años de la población española presenta sobrepeso. Mientras, el 18 % tiene obesidad, según datos del estudio ALADINO.

Causas de la obesidad

La obesidad es una enfermedad compleja en la que inciden multitud de factores de diversa naturaleza. De este modo, la obesidad debe abordarse desde una perspectiva multifactorial. Se debe a la combinación de factores genéticos y epigenéticos, fisiológicos, de comportamiento, socioculturales y ambientales. Como resultado de ello, se produce un desequilibrio entre la ingesta y el gasto de energía durante un amplio periodo de tiempo. Ello desencadena el aumento de peso corporal, gracias al acúmulo excesivo de grasa.

Si bien existen factores genéticos que pueden predisponer a la obesidad, los factores ambientales son esenciales para que esos genes lleguen a expresarse.

Además, existen otros muchos factores que se han relacionado en mayor o menor grado con la epidemia de la obesidad. Entre ellos se pueden incluir:

  • Problemas de descanso y horas de sueño insuficientes.
  • Los disruptores endocrinos (compuestos químicos presentes en algunos envases y productos cosméticos).
  • El aumento del tiempo en lugares en los que la temperatura ambiental está controlada.
  • Dejar de fumar.
  • El tratamiento con determinados medicamentos.
  • La edad avanzada de la madre en el parto y ciertas condiciones intrauterinas.
  • La ausencia de lactancia materna.

Tratamiento de la obesidad

El modo más simple y económico de luchar contra la obesidad es la prevención. Sin embargo, esta implica una serie de actuaciones a todos los niveles (ambientales, educacionales, legislativos, etc.) que no son sencillas de implementar. Una prevención efectiva requeriría de una clara voluntad por parte de todos los estamentos sociales, tanto públicos como privados. A fecha de hoy, las actuaciones que han podido ponerse en marcha no pueden clasificarse de otra manera que discretas. Gracias a ello, nos encontramos en un entorno que algunos expertos han dado en llamar «ambiente obesogénico«.

Cuando los métodos de prevención de la obesidad no son suficientes o no funcionan, es necesario recurrir a los tratamientos para la obesidad. Estos deben incluir cambios en los hábitos de vida, incluyendo modificaciones dietéticas y el incremento de la actividad física. En algunos casos, podrá ser recomendable la utilización de medicamentos para adelgazar o el uso de cirugía para la obesidad.

Dieta para perder peso

La dieta para perder peso debería incluir menos energía de los que necesita el individuo. Otro de los factores que se han visto esenciales es la adherencia a la dieta por parte del paciente. Además, debería proporcionar otros beneficios para la salud derivados de su composición.

Se estima como suficiente una reducción de 500 kcal en los requerimiento energéticos diarios. La utilización de un plan dietético de 1.200-1.500 kcal/día para mujeres y 1.500-1.800 para hombres podrían ser, en general, adecuados.

En cuanto a la composición de la dieta, los estudios que comparan planes dietéticos con porcentajes de nutrientes distintos no han mostrado diferencias significativas. De este modo, las dietas hiperproteicas o las dietas bajas en grasas no han determinado pérdidas de peso sustancialmente distintas. Tampoco las dietas basadas en un bajo índice glucémico o las dietas cetogénicas.

Sin embargo, las últimas investigaciones apuntan a un posible beneficio de las dietas bajas en carbohidratos, derivado del aumento del gasto energético. Será preciso seguir con atención las nuevas evidencias que puedan surgir al respecto.

En definitiva, la mejor recomendación sobre la dieta es que proporcione una cantidad de energía disminuida. Además, debe ser lo suficientemente atractiva para determinar una elevada adherencia. En este sentido, mantener la pérdida de peso conseguida en el largo plazo es a menudo lo más complicado del tratamiento. Finalmente, la dieta debe aportar todos los nutrientes necesarios.

Actividad física para perder peso

Aumentar la actividad física es un elemento esencial que debe formar parte de una intervención global para el tratamiento de la obesidad.

Las recomendaciones más aceptadas se basan en la prescripción de un incremento gradual en la actividad física aeróbica (como caminar a paso ligero). El objetivo sería poder realizar más de 150 minutos de actividad física a la semana (unos 30 minutos al día durante 5 días de la semana).

El tipo específico de actividad física no parece afectar de manera determinante a la pérdida de peso (aeróbica frente a resistencia o alta intensidad frente a baja intensidad). Si bien, la actividad más intensa produce una pérdida de peso similar en menos tiempo. En cualquier caso, debe tratarse de programas de actividad física individualizados y compatibles con las características y circunstancias de cada paciente. Una vez más, la adherencia y la continuidad en el tiempo es uno de los elementos clave.

Medicamentos para perder peso

En primer lugar, es preciso señalar que muchos medicamentos utilizados en el tratamiento de enfermedades crónicas se asocian con un aumento de peso. En este sentido, los pacientes obesos o con sobrepeso deberían evitar esos medicamentos, siempre que sea posible.

Llevando a cabo un recorrido histórico por la utilización de medicamentos para el tratamiento de la obesidad, este no puede calificarse de exitoso. Las expectativas creadas ante la aparición de nuevos fármacos han acabado siempre por decepcionar. Las pérdidas de peso conseguidas son modestas, en el mejor de los casos. Además, está presente una amplia lista de efectos adversos y problemas que han llevado hasta la retirada de medicamentos por parte de las autoridades sanitarias .

En cualquier caso, el objetivo inicial del tratamiento farmacológico para el tratamiento de la obesidad es alcanzar una pérdida de peso «clínicamente relevante«. Esto se traduce en cifras de pérdida de peso por encima del 5 % del peso corporal, mantenidas en el tiempo.

En este contexto, las características de los pacientes para la prescripción de fármacos para la pérdida de peso son:

  • Tener un IMC igual o superior a 27, con una enfermedad asociada o más.
  • O tener un IMC superior a 30, sin efectos metabólicos asociados.

En la prescripción de medicamentos para perder peso es preciso considerar que ninguna medicación es efectiva en todos los pacientes.

Un tratamiento farmacológico se considera efectivo si después de 3-4 meses se produce una pérdida de peso del 4-5 % del peso corporal. En pacientes con diabetes, la pérdida del 3 % del peso corporal se podría considerar satisfactoria. Si esto no sucede, se debería probar con otro tratamiento distinto.

Medicamentos para perder peso en España

En la actualidad, existen tres medicamentos aprobados para tratar la obesidad en España. Orlistat es un tipo de inhibidor de la absorción de las grasas. Mysimba es la combinación de dos fármacos comercializados por separado: bupropion y naltrexona. Por último, Saxenda tiene efectos moduladores del apetito. Los dos últimos casos fueron aprobados hace pocos años por parte de la Agencia Europea del Medicamento, no sin controversia.

Inhibidores de la absorción de la grasa

Orlistat, en sus diferentes formas comerciales: Alli, Beacita, Orliloss, Orlistat Actavis, Orlistat Sandoz y Xenical) impide que se absorba un tercio de las grasas ingeridas. Este tratamiento debe ir asociado a una dieta controlada en grasas. Los efectos adversos se relacionan con la eliminación con las heces de la grasa no absorbida. Entre ellos hay que contar manchas oleosas rectales, flatulencia, urgencia fecal, y meteorismo.

Mysimba

Se trata de una combinación de bupropion (una anfetamina, indicada para dejar de fumar) y naltrexona (para la desintoxicación del alcohol o de los opiáceos). Esta combinación podría modular la ingesta de alimentos a nivel cerebral. Sus riesgos potenciales pueden superar la moderada pérdida de peso que promueve.

Anorexígenos (reguladores del apetito)

Saxenda, inyectable aprobado recientemente para el tratamiento de la obesidad, se compone de liraglutida (indicada para la diabetes tipo 2). Incrementa la saciedad y regula el apetito. Este fármaco tampoco está exento de efectos secundarios, por lo que su prescripción está bastante limitada.

Complementos y plantas medicinales para perder peso

Ciertos medicamentos –como diuréticos y laxantes– se suelen utilizar de forma descontrolada en los tratamientos de pérdida de peso. No son sustancias adelgazantes, pues conducen a una pérdida de peso artificial que se recupera con facilidad.

También existen multitud de plantas medicinales y complementos con un supuesto efecto adelgazante. Entre ellas se encuentran las hojas de té, la Garcinia cambogia, el Ficus deltoidea, los extractos de judía (Phaseolus vulgaris), la L-carnitina y un largo etcétera. No existen evidencias sólidas que recomienden la utilización de plantas o complementos para la pérdida de peso.

Cirugía para el tratamiento de la obesidad

La cirugía para la obesidad o cirugía bariátrica se ha constituido en una herramienta de primera mano en caso de obesidad severa. La principal causa es la aparición de las técnicas laparoscópicas. Estas consisten en realizar pequeñas incisiones en la pared abdominal por las que se accede con herramientas quirúrgicas mínimamente invasivas. Esta técnica ha supuesto un gran avance, con reducciones en el tiempo de ingreso y de recuperación para el paciente.

En este sentido, algunos estudios señalan que las técnicas quirúrgicas laparoscópicas han determinado una reducción de hasta una cuarta parte de la mortalidad, principalmente por la reducción de infartos y casos de cáncer.

Este tipo de cirugía pretende reducir el peso corporal y mantenerlo por medio de la restricción en la ingesta de alimentos y la malabsorción inducida.

Indicaciones de la cirugía bariátrica

Este tipo de intervenciones quirúrgicas no están exentas de riesgos. De este modo, los pacientes deberán cumplir ciertos requisitos para someterse a ellas:

  • Edad del paciente de 18 a 55 años.
  • IMC de 40 (o 35  con patologías mayores asociadas).
  • Obesidad mórbida establecida al menos durante 5 años.
  • Fracasos repetidos con otros tratamientos.
  • Ausencia de trastornos endocrinos que puedan haber causado la obesidad.
  • Estabilidad psicológica (ausencia de alteraciones psiquiátricas mayores y ausencia del abuso de alcohol y drogas).
  • Comprender los detalles, mecanismos y limitaciones de la intervención.
  • Evitar el embarazo, al menos el primer año tras la cirugía.

Técnicas de cirugía bariátrica

Existen diversas técnicas de cirugía bariátrica. Las variables principales son la cantidad de alimentos tolerados tras la operación y el grado de absorción de nutrientes que permiten. Todas estas técnicas han evolucionado a lo largo del tiempo. Algunas de las más importantes son:

Gastrectomía en manga

Esta técnica divide el estómago para reducir su tamaño en una cuarta parte. Sin embargo, a los 6-12 meses el estómago se expande y se diluye el efecto restrictivo de ingesta de alimentos. En este momento se puede complementar con una intervención de bypass gástrico. Se trata de una técnica no reversible.

Bypass gástrico

Esta técnica combina el efecto de la restricción y la malabsorción. Crea un pequeño reservorio gástrico aislado y un bypass que evita que se absorba todo lo que se come. La nueva disposición gástrica se consigue por medio de la conocida como “Y de Roux”. En ella el intestino delgado es unido al nuevo reservorio gástrico. Puede llevarse a cabo por vía laparoscópica.

Las ventajas de esta técnica incluyen una pérdida adecuada de peso, que se mantiene en el tiempo. La tasa de complicaciones es aceptable. Puede determinar la aparición de deficiencias nutricionales (calcio, vitamina D, vitamina B12 y hierro).

Banda gástrica ajustable

Se trata de una técnica poco invasiva. Consiste en colocar un anillo que constriñe el estómago, limitando su capacidad para admitir alimentos. Es una intervención más sencilla y reversible que requiere escasa recuperación. La dilatación y herniación gástrica, el reflujo y los vómitos son sus principales complicaciones.

Imbricación gástrica

Es una técnica laparoscópica que reduce el volumen del estómago sin necesidad de eliminar ningún tejido ni estructura. El estómago es “doblado” sobre sí mismo y cosido, creando una estructura más estrecha que limita el acceso de alimentos.

Balón intragástrico para perder peso

La colocación de un balón intragástrico se lleva a cabo por laparoscopia. Es temporal, pudiendo ser retirado a partir de los 6 meses. Algunos estudios señalan su efectividad, si bien menos de la mitad de los pacientes tratados mantuvieron el peso perdido un año después de haberse extraído el balón. Puede causar molestias como vómitos y náuseas, con complicaciones digestivas poco habituales como esofagitis y perforación gástrica.

Enfermedades asociadas a la obesidad

Es un hecho que la obesidad acorta la esperanza de vida. Un IMC elevado se relaciona con una mayor mortalidad, según se ha podido recoger en múltiples estudios. Esto es debido a que la obesidad afecta al funcionamiento de muchos órganos y tejidos, pudiendo dar lugar a la aparición de enfermedades. Entre ellas se encuentran la diabetes tipo 2, la insuficiencia renal crónica, las enfermedades gastrointestinales, las enfermedades osteoarticulares, la apnea del sueño, el hígado graso, la litiasis renal y la depresión. Quizás, las enfermedades más relevantes relacionadas con la obesidad sean las enfermedades cardiovasculares y determinados tipos de cáncer.

Obesidad y enfermedad cardiovascular

Los principales efectos de la obesidad sobre la salud cardiovascular se relacionan con el síndrome metabólico. Este incluye la resistencia a la insulina, los lípidos plasmáticos elevados y la aparición de hipertensión arterial.

El exceso de grasa corporal aumenta los niveles de colesterol malo (colesterol LDL) y triglicéridos y disminuye el colesterol bueno (colesterol HDL). La obesidad deteriora la respuesta del cuerpo a la insulina, aumentando la glucosa sanguínea y haciendo que crezca, a su vez, la insulina plasmática.

La paradoja de la obesidad

En el pasado reciente, surgió la controversia a partir de investigaciones en las que personas con enfermedad cardiovascular vivían más cuando presentaban un exceso de peso. Es lo que se dio a conocer como «la paradoja de la obesidad«. En efecto, se observó que personas con sobrepeso y obesidad presentaban un menor riesgo de mortalidad en comparación con aquellos de peso normal (IMC de 18,5 a 25). A partir de aquí, se desataron todo tipo de especulaciones sobre los potenciales beneficios del sobrepeso, la «gordura saludable«, la ventaja de los «fofisanos«, etc.

Sin embargo, en los últimos tiempos la aparición de nuevos estudios han puesto en duda esas especulaciones sobre los efectos beneficiosos del exceso de peso. En un nuevo estudio, publicado recientemente en la revista JAMA Cardiology, se observó una longevidad similar entre personas con sobrepeso y peso normal. Sin embargo, el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares fue mayor para las personas con exceso de peso. Además, estas pasaban más años con la carga de la enfermedad.

En otro estudio publicado en el European Heart Journal, se observó un menor riesgo de enfermedad cardiovascular en pacientes con un IMC entre 22 y 23. Los valores superiores de IMC determinaron un mayor riesgo de sufrir enfermedad cardiovascular.

Paradoja de la obesidad e IMC

Uno de los elementos puestos en cuestión a raíz de la aparición de la paradoja de la obesidad fue el IMC. De este modo, la adiposidad medida a partir de métodos más precisos (relación cintura-cadera, cintura-altura o porcentaje de masa grasa) mostraba una relación más lineal con los casos de enfermedad cardiovascular. En definitiva, el incremento de la grasa corporal (medido adecuadamente) muestra una relación claramente perjudicial sobre la salud cardiovascular.

Además, una patología puede afectar al IMC de tal modo que se produzca una pérdida de peso, a la vez que aumenta el porcentaje de grasa corporal. En este sentido, el IMC tiene un valor limitado a la hora de distinguir entre la masa magra y la grasa.

Paradoja de la obesidad, todavía en discusión

Muchos investigadores han puesto en cuestión los resultado que atribuyen un posible efecto «protector» a la grasa en relación con el riesgo de enfermedad cardiovascular. Sin embargo, todavía se alzan voces que defienden el concepto de paradoja de la obesidad y otorgan un efecto beneficioso al sobrepeso y a la obesidad moderada en determinadas circunstancias.

Obesidad y diabetes

La relación entre el exceso de peso y la resistencia a la insulina es clara. Paralelamente a los casos de obesidad, la diabetes tipo 2 se ha incrementado de forma alarmante en los últimos tiempos en todo el mundo.

Las pérdidas moderadas de peso corporal por medio de la dieta y del incremento de la actividad física determinan una disminución de la resistencia a la insulina. De este modo, el riesgo de diabetes tipo 2 también se ve reducido de forma significativa.

De igual modo, una vez que la diabetes tipo 2 está instaurada, pérdidas significativas de peso pueden llegar a revertir el deterioro metabólico derivado de la enfermedad.

Obesidad y cáncer

Como se señala en múltiples investigaciones, el exceso de peso es un importante factor de riesgo para el cáncer. Tener sobrepeso u obesidad es un factor causal para diversos tipos de cáncer. Entre ellos, el de mama, endometrio, ovario, esófago, riñón, colon y recto,  vesícula biliar, estómago, hígado, médula ósea o mieloma, páncreas y tiroides.

La evidencia es suficiente para concluir que evitar el exceso de grasa en el cuerpo disminuye el riesgo de cáncer. Además, el exceso de peso es un factor de riesgo para la mortalidad global debida al cáncer.

Obesidad y cáncer de mama

Las mujeres postmenopáusicas con sobrepeso u obesidad presentan un mayor riesgo de padecer cáncer de mama.

Diversos estudios observacionales recogen la asociación entre el cáncer de mama y la obesidad en mujeres posmenopáusicas. Algunos de ellos muestran que el riesgo de padecer cáncer de mama es cerca de un 20 % mayor para mujeres con sobrepeso. En mujeres con un IMC superior a 35 es de hasta un 60 % mayor, en comparación con mujeres con normopeso (IMC entre 18,5 y 25).

Parece ser que el aumento de peso en la etapa premenopáusica no aumenta el riesgo de cáncer de mama antes de la menopausia, pero tiene un efecto directo en el riesgo después de la menopausia.

Curiosamente, la adiposidad durante la infancia y la adolescencia se relaciona con un menor riesgo de cáncer de mama antes y después de la menopausia.

Obesidad y cáncer de colon

Existe una evidencia consistente que relaciona de manera lineal el IMC (y también la circunferencia de la cintura) y un aumento del riesgo de cancer colorrectal. Este riesgo es mayor en hombres que en mujeres.

Obesidad y cáncer de páncreas

La evidencia de más de 20 estudios observacionales indica una relación significativa entre el IMC y el riesgo de cáncer de páncreas. Esta asociación es válida para los dos géneros. El riesgo se estima en un 20 % para el sobrepeso y un 50 % para casos de obesidad. La incidencia de este tipo de tumor se espera que aumente en los próximos años.

Obesidad y cáncer de hígado

Existe una evidencia procedente de más de 50 estudios observacionales en los que el IMC se relaciona positivamente con el riesgo de carcinoma hepatocelular y cáncer hepático en general.

Comparado con personas con normopeso, el riesgo es un 20 % mayor en caso de sobrepeso y un 80 % en caso de obesidad.

Por otro lado, la enfermedad del hígado graso es la patología hepática más común en el mundo y está estrechamente relacionada con la obesidad.

Obesidad y cáncer de pulmón

Un importante número de estudios observacionales ha mostrado una asociación inversa entre el IMC y el riesgo de cáncer de pulmón. Sin embargo, los estudios con no fumadores no han señalado esa relación. Dado que el tabaquismo está fuertemente asociado con el cáncer de pulmón y con un peso corporal reducido, esta podría ser la explicación de esa asociación inversa.

Obesidad, disfunción eréctil y función reproductiva

La testosterona es la principal hormona masculina. Uno de los efectos de la obesidad es provocar la disminución de los niveles de testosterona.

Esto determina que los hombre obesos presenten un riesgo aumentado de disfunción eréctil. Este riesgo disminuye con la pérdida de peso.

La obesidad también puede tener una influencia negativa sobre la reproducción. En este sentido, el exceso de peso se relaciona con un esperma de baja calidad, con menor recuento de espermatozoides y menor movilidad.

Factores de riesgo para la obesidad

Son muchos los factores que se han relacionado con la aparición de obesidad. Todos se relacionan de manera directa o indirecta con un incremento en la energía ingerida y/o una disminución en el gasto energético.

Factores hereditarios de la obesidad

Muchos de los factores hormonales y neuronales relacionados con el control del peso corporal se regulan genéticamente. Es el caso de las señales de la saciedad y la activación del apetito. Pequeños defectos en su expresión podrían contribuir de manera importante a un aumento de peso. El número y tamaño de las células adiposas, la distribución de la grasa corporal y el metabolismo basal también vienen determinados genéticamente.

En algunos casos de obesidad existe una base genética, pero son los factores ambientales los que modulan su expresión. Hasta la fecha, se ha estimado que podrían existir más de 300 genes que intervendrían en la génesis de la obesidad. Sin embargo, este área de investigación aún está poco desarrollada y no existe ningún estudio que pueda garantizar que el problema de la obesidad se deba a la carga genética. Es cierto que existen factores hereditarios que predisponen a la obesidad, pero eso no significa que todos los hijos de padres obesos también lo vayan a ser. Quizás se debería prestar más atención a lo que se come en el hogar que a la carga genética de sus integrantes.

La alimentación y el exceso de peso

Es necesario distinguir entre la herencia genética y los hábitos alimentarios de cada familia. Lo cierto es que en las familias de obesos se come más. Ahora bien, el número de células adiposas se determina durante la infancia. Cuanto más come un niño, mayor cantidad de adipocitos fabrica, y estos estarán ahí para almacenar grasa.

En cualquier caso, existe una serie de errores que cometen las personas en su relación con la comida que les pueden llevar a una situación de aumento de peso:

  • Demasiados alimentos ultraprocesados y refinados, exceso de grasas y azúcar.
  • Insuficientes vegetales, hidratos de carbono complejos y fibra.
  • Una alimentación mal estructurada y mal repartida a lo largo del día.
  • Un patrón de alimentación caracterizado por grandes cantidades de alimentos con gran densidad energética.
  • Una educación alimentaria basada en la imposición, los premios y castigos.

El sedentarismo en el sobrepeso

A la hora de buscar una causa para el sobrepeso, es importante no solo centrarse en la ingesta energética, sino también en el gasto, es decir, la actividad física. Por actividad física no hay que entender un deporte a nivel profesional. El simple movimiento requiere un consumo energético y, por lo tanto, un gasto de calorías.

Hacer ejercicio puede llegar a ser una práctica muy sencilla. Es el caso de caminar o correr. De lo que no cabe duda es que las personas más activas tienen un menor riesgo de padecer sobrepeso y obesidad.

Factores psicológicos y obesidad

El papel que desempeñan los factores psicológicos en el proceso que lleva a la obesidad puede llegar a ser crucial. De esta forma, una ingesta desmesurada o compulsiva puede tener sus raíces en un conflicto psicológico. A su vez, el conflicto puede derivar del malestar de la persona que no se acepta como es. Es una relación que se retroalimenta.

No obstante, las personas obesas que consiguen recuperar un peso normal suelen aumentar su autoestima, se sienten más jóvenes y mucho mejor de salud.

Etapa infantil y obesidad

Un primer elemento de las primeras etapas de la vida que se relacionan con el sobrepeso y la obesidad es el tipo de alimentación que recibe el recién nacido. De este modo, están bastante claros los beneficios para el niño y la madre de la lactancia materna. Sin embargo, la relación entre la lactancia materna y la prevención de la obesidad infantil ha sido confusa.

Según las evidencias, los niños con menor tasa de obesidad son aquellos que reciben exclusivamente leche materna directamente del pecho durante los 3 primeros meses de vida. Este hecho no está relacionado con la leche en sí. Por el contrario, se asocia a factores como un mayor estatus socio-económico, cultural y un ambiente más propicio para que la obesidad no se desarrolle.

Además, los bebés que se alimentan directamente del pecho de sus madres son menos proclives a ser sobrealimentados. Cuando están saciados, dejan de mamar. Esto no ocurre en el caso de un biberón, incluso aunque la leche que contenga se la haya extraído previamente la madre. Y es que los padres y cuidadores son más tendentes a hacer que se acabe el biberón o el volumen previsto de antemano. Esto supondrá sumar más calorías.

En toda la etapa infantil, aprender a comer solo cuando se tiene apetito y parar cuando se está saciado puede contribuir a prevenir la obesidad.

En definitiva, es esencial entender los riesgos de la obesidad como una cuestión educacional y social. Los niños necesitan tener acceso a alimentos saludables y a un entorno en el que comer bien y hacer ejercicio sea sencillo.

Deja un comentario