Cambio de hora: repercusiones para la salud

Según se ha sabido recientemente, la Comisión Europea propondrá la supresión del cambio de hora en la UE. Desde hace tiempo se vienen oyendo voces contrarias al cambio de hora semestral, poniendo en duda su utilidad energética y señalando su posible relación con la salud.

Por otro lado, también se viene poniendo en duda por algunos que el huso horario actual en España sea el adecuado. Se esgrimen, de este modo, argumentos energéticos, económicos, de salud, de conciliación, etc.

Quizás se trate de un tema cuya importancia ha sido magnificada en los últimos tiempos o en el que se incluyen demasiados conceptos, ofreciendo una visión simplificada y sesgada. La racionalización de horarios, la conciliación familiar, los trasnochados horarios de las comidas, las horas de sueño, la comparación con nuestros países vecinos, los ciclos circadianos, etc. Todo ello, mezclado en un totum revolutum nos ofrece un cuadro muy complejo que al final no ofrece posibilidad de análisis. Intentémoslo de todas maneras. Eso sí, vayamos por partes.

Los orígenes del cambio de hora

En origen, el cambio de hora con el establecimiento del llamado “horario de verano” respondió históricamente a situaciones de coyuntural crisis económica o energética en la que se pretendía ahorrar recursos y aprovechar mejor la luz solar.

Para empezar, en la antigüedad el ciclo económico y social estaba más ligado a la luz del sol, ya que la luz artificial no era como la que disfrutamos en la actualidad. Esto determinaba diferencias entre la actividad de los días de verano frente a los de invierno, en los que había menos horas de sol.

En cuanto al “horario de verano”, la primera vez que se implantó fue durante la Primera Guerra Mundial por cuestiones energéticas. Estas restricciones afectaron a toda Europa. En España se implantó en 1918. A partir de ahí, fueron varios los momentos históricos en los que se produjeron cambios estacionales de la hora con el fin de aprovechar mejor la luz solar y conseguir así un ahorro energético.

Hora oficial en España

La hora oficial solo nos ofrece una referencia de la distancia temporal entre un evento y otro, pero no tiene un valor en sí mismo. Tampoco determinará ningún cambio en la estructura ni en el aprovechamiento del tiempo de los ciudadanos.

La hora oficial es una convención. Su objetivo es unificar la hora en un territorio concreto. Sea la hora que sea, en España, por su latitud, el sol luce unas nueve horas en invierno y dieciséis en verano.

Algunos afirman que un cambio del huso horario o un acercamiento de la hora oficial a la solar, modificarían algunos hábitos. Todo ello mejoraría la calidad de vida y sería positivo para los biorritmos, se ganaría tiempo y estaríamos alineados con el meridiano que nos corresponde. Muy bien. Dicho así nadie tendría por qué estar en contra de tal medida. Ahora bien, hay que decir que todas estas afirmaciones son cuestionables.

Greenwich está al norte

Los que abogan por establecer en el territorio español la hora que marca el meridiano de Greenwich (una hora menos de la actual) como algunos países situados en esa misma franja de longitud geográfica, no tienen en cuenta la diferencia de latitud. Por ejemplo, en Reino Unido cuya latitud es más alta, su “rutina solar” es muy diferente a la nuestra. Si nos centramos en la hora del amanecer invernal, en España amanece a la vez que en Alemania y no a la vez que en Reino Unido, donde lo hace después, como muy bien explica el Profesor Martín Olalla. En cualquier caso, se trata de un asunto discutible.

Historia de la hora en España

En España se asumió a principios del siglo XX la hora del meridiano de Greenwich.

Durante la guerra civil española también hubo una guerra de relojes, pues el territorio republicano y el nacional tenían horas diferentes. Cuando finalizó la contienda, el huso horario se unificó en la España peninsular y en Baleares.

Por otro lado, se dice que Franco tras ganar la guerra, cambió la hora para tener la misma hora del nuevo referente cultural: Alemania. Pero lo cierto es que, como señala Pere Planesas en “La hora oficial en España y sus cambios”, la modificación que se produjo en marzo de 1940 se redactó en el BOE como un típico adelanto de la hora oficial de verano, indicándose que “oportunamente se señalará la fecha en que haya que restablecerse la hora normal”. Tal restablecimiento no tuvo lugar en otoño, como era lo habitual. En la práctica, esto supuso un cambio permanente de la hora oficial en España. De este modo, se adoptó la hora del huso horario de la Europa Continental para la península y las islas Baleares (+1 con relación a la hora del meridiano de Greenwich) y la del huso horario 0 para las islas Canarias.

En este sentido, el cambio de hora que todavía conservamos –y que se realiza sistemáticamente desde hace algo más de 40 años– pretende la estabilización de la hora del amanecer a lo largo del año. Cosa que es discutible. De hecho, existen voces que señalan la conveniencia de estabilizar la hora del atardecer, para poder disfrutar de luz solar una vez concluida la jornada laboral.

El tiempo y la salud

Muchos achacan al tema del cambio horario efectos negativos para la salud. Quizás sea exagerado decir que acostumbrarnos a una hora más o menos en el reloj tiene consecuencias para la salud, pero veamos la relación entre tiempo y salud.

La cronobiología se encarga de estudiar los ritmos biológicos. Muchos de ellos responden a la estructuración temporal de día-noche o vigilia-descanso. Se trata de los ritmos circadianos. Todos ellos tienen implicaciones relacionadas con la endocrinología, la neurociencia y la ciencia del sueño.

Los ritmos circadianos

Algunas estimaciones señalan que del 10 al 30% de los genes quedan bajo el control de los «relojes moleculares circadianos«. De este modo, la expresión de la mayor parte de las variables de la conducta, psicológicas y bioquímicas muestran ritmos circadianos. El ritmo de diferentes hormonas como el cortisol (“la hormona del estrés”), la hormona de crecimiento, la leptina (“la hormona de la saciedad”) y melatonina (“la hormona del sueño”) son ejemplos de ello.

Estudio clínicos y epidemiológicos han mostrado que determinadas situaciones relacionadas con los ciclos temporales incrementan el riesgo de padecer ciertas enfermedades.  Son ejemplos de ello el trabajo por turnos rotativos, las comidas durante la noche, la exposición a luz brillante o la privación del sueño. La disrupción circadiana que provocan podrían aumentar el riesgo de enfermedades como el cáncer, la obesidad, el síndrome metabólico, el insomnio, los trastornos cognitivo-afectivos, así como el envejecimiento prematuro.

La luz y la salud

Un elemento importante relacionado con los ciclos naturales es la luz del sol. La luz ambiental sincroniza el reloj biológico, situado en el núcleo supraquiasmático del hipotálamo, justo sobre los nervios ópticos. Por la noche, cuando hay menos luz, el reloj biológico le dice al cerebro que libere melatonina, “la hormona del sueño”.

Los efectos favorables sobre la sincronización circadiana, la calidad del sueño, el ánimo y el rendimiento cognitivo dependen de la duración, intensidad y composición espectral de la luz a la que estamos expuestos. El rendimiento cognitivo y la salud pueden verse influidos por ello.

El sueño y la salud

Otro de los argumentos que se esgrimen relacionados con el cambio horario o con un huso horario impropio es el de dormir menos horas de las que serían necesarias. Puede haber alguna relación, pero las horas que se dedican al descanso dependen más de una correcta estructuración del tiempo.

En cualquier caso, uno de los principales factores relacionados con los ritmos circadianos y el reloj biológico es el sueño. La cantidad y calidad del sueño tienen una gran repercusión sobre la salud, el bienestar y la calidad de vida de las personas. Las consecuencias potenciales de dormir poco de manera crónica incluyen un rendimiento cognitivo disminuido, un aumento del riesgo de accidentes y unos efectos negativos sobre la salud física y mental.

Falta de descanso

Existen numerosas evidencias que relacionan un descanso insuficiente continuado con riesgo de aumento de peso corporal, obesidad, diabetes e hipertensión, además de un aumento de la mortalidad. Otros efectos serían la aparición de cansancio, estado decaído de ánimo, irritabilidad y disminución de la libido.

La insuficiencia crónica de sueño es muy común en la sociedad moderna y depende de múltiples factores. Algunos de ellos son las exigencias laborales, las responsabilidades sociales y familiares, las condiciones médicas, los trastornos del sueño y la mala planificación del tiempo.

En este último caso, el cambio de horas de sueño por otras actividades es común en la actual sociedad industrializada, donde el imperativo biológico de dormir adecuadamente se opone al imperativo cultural de estar más tiempo despierto.

Un patrón de sueño muy común es aquel en el que se retrasa la hora de inicio del descanso para realizar otras actividades. Además, se utiliza un despertador para adelantar el fin del descanso, que resulta, en muchos casos, insuficiente. Esto da lugar a lo que se ha dado en llamar “jet lag social”.

Existen colectivos de riesgo que duermen menos horas de lo debido. Se incluyen las personas que trabajan muchas horas, los que trabajan en turnos rotativos y las personas que sufren estrés laboral, entre otros.

Sueño y salud cardiovascular

En diversidad de estudios observacionales se han podido establecer relaciones a largo plazo entre un sueño disminuido y una mayor probabilidad de desarrollar hipertensión arterial, mayor riesgo de infarto, angina o ictus.

Es probable que el origen del aumento de riesgo de enfermedad cardiovascular propiciado por la disminución de horas de sueño esté mediado por un proceso inflamatorio, por medio del aumento de citokinas proinflamatorias.

Sueño y sistema inmune

Dormir poco también tiene un efecto sobre el sistema inmune, que experimenta un debilitamiento, lo que incrementa el riesgo de enfermedad.

Sueño y obesidad

La restricción del sueño puede tener una respuesta metabólica negativa que puede contribuir a aumentar el riesgo de padecer obesidad y patologías asociadas como diabetes tipo 2. Este efecto podría implicar a las hormonas relacionadas con el mecanismo de la saciedad (grelina y leptina).

La hora de la comida

Otro tema recurrente, relacionado con los hábitos y horarios españoles es el de las comidas. La hora de la comida suele ser más tardía que en los países de nuestro entorno. Seguramente, desde una perspectiva de la salud, sería conveniente adelantar los horarios de las comidas. Por ejemplo, algunos estudios han mostrado cómo la hora de las comidas se relacionan con el peso corporal. En uno de ellos, se hizo un seguimiento durante 20 semanas a 420 pacientes con sobrepeso y obesidad divididos en dos grupos. Un grupo tomó la comida en el contexto de una dieta de adelgazamiento antes de las 15:00 h y otro después. El grupo de la comida temprana logró una significativa mayor pérdida de peso. Si bien no se trata de evidencias concluyentes, sí apuntan a un posible efecto de la hora de la comida sobre factores metabólicos.

Cambio de hora, sí o no

La pertinencia o no del cambio estacional de hora y del cambio de huso horario en España es un tema controvertido en el que inciden no pocas variables y condicionantes. Para concluir nos gustaría señalar lo siguiente:

  • Cada uno tiene sus razones para reivindicar la hora que le parece más razonable. Quizás tuviera sentido establecer el huso horario que determinara más horas de luz solar por la tarde para aprovecharlas después de la jornada laboral (sobre todo en invierno). Ahora bien, ningún huso horario podrá evitar que en invierno disfrutemos de muchas menos horas de luz solar que en verano.
  • El efecto sobre la salud del cambio estacional de hora es mínimo y solo requiere un corto periodo de adaptación.
  • No parece razonable atribuirle la responsabilidad al huso horario actual al hecho de que, en general, se duerman menos horas de las que se deberían.
  • También se relacionan los temas de la conciliación familiar y la optimización del tiempo laboral con el huso horario. Sin embargo, parecen cuestiones más relacionadas con la voluntad política y empresarial que con cualquier otro asunto.
  • Sí existe un claro vínculo entre la salud y la duración y calidad del sueño. Cualquier medida, tanto individual, familiar como institucional que fomente un descanso adecuado debe ser aplaudida. Se pueden incluir aquí medidas como la regulación legal del horario laboral, el adelanto del Prime Time en televisión, la planificación familiar adecuada de las actividades y horarios de comidas.
  • En cualquier caso, parece que la eliminación de los cambios de hora no dejará a todos satisfechos. Esperaremos acontecimientos.

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