Dieta baja en carbohidratos para perder peso

Una dieta baja en carbohidratos aumenta el gasto energético total. Esto podría contribuir a la pérdida de peso, según un nuevo estudio publicado en el British Journal of Medicine.

El fracaso de las dietas para perder peso

Con la pérdida de peso, el apetito aumenta y el gasto energético disminuye. Son las adaptaciones fisiológicas que se producen en el organismo con una dieta controlada en calorías. Ello impide que la pérdida de peso propiciada inicialmente se mantenga a largo plazo.

Existen factores genéticos que pueden influir en el peso corporal. Esto explicaría algunas de las variaciones observadas en el IMC de la población. Sin embargo, los factores genéticos no pueden explicar las diferencias de peso entre el individuo medio de hoy y el de hace 40 años.

Carbohidratos de la dieta y obesidad

El modelo ‘hidratos de carbono/insulina’ de la obesidad puede servir para explicar sus posibles bases etiopatológicas. De este modo, tras una comida con una carga glucémica elevada, la energía pasa a almacenarse en el tejido adiposo. Así, la energía se transforma en grasa, en lugar de gastarse.

Además, bajo estas circunstancias se incrementa el apetito y, por tanto, la ingesta de alimentos. También disminuye el gasto energético y se predispone al aumento de peso.

Este modelo serviría para explicar el aumento de la obesidad producido a nivel mundial en las últimas décadas. De este modo, en el origen estaría la sustitución de la grasa de la dieta por alimentos de alto índice glucémico (incluyendo harinas refinadas y azúcares añadidos).

Sin embargo, esta explicación no ha podido ser plenamente aceptada por la falta de evidencias en los estudios realizados. En este sentido, diversas revisiones y meta-análisis concluyen que no existen diferencias significativas entre dietas bajas en hidratos de carbono y dietas bajas en grasas. Pero existen errores y sesgos que podrían estar implicados en la falta de evidencias. sin ir más lejos, muchos de los estudios son de corta duración (menos de 2 semanas). Por el contrario, el proceso de adaptación a una dieta baja en hidratos de carbono y alta en grasas podría llevar de 2 a 3 semanas.

En este sentido, que no haya evidencias no quiere decir que estas no vayan a aparecer.

Consumo de carbohidratos y gasto energético

El estudio que analizamos fue llevado a cabo por un grupo multicéntrico de investigadores de Estados Unidos. El él se compararon los efectos sobre el gasto energético de los participantes a partir de dietas con diferente contenido en hidratos de carbono y grasa.

El gasto energético y la ingesta de calorías son los elementos que forman parte del balance energético. De este modo, tanto la disminución de la ingesta, como el aumento del gasto energético podrían contribuir a la pérdida de peso.

Fase de pérdida de peso

Los participantes del estudio tenían de 18 a 65 años de edad, con un IMC mayor de 25 y un peso corporal inferior a 160 kg.

En la primera fase del estudio, se promovió una pérdida del 12 % del peso corporal de los participantes. Esto se consiguió mediante una dieta equilibrada que reducía un 40 % las necesidades calóricas de cada individuo. La duración de esta fase fue de 10 semanas.

A continuación, los individuos que consiguieron la pérdida de peso planteada pasaron a la siguiente fase.

Fase de reducción de carbohidratos

Los participantes que perdieron el 12 % del peso corporal fueron asignados de forma aleatoria a una dieta alta, moderada o baja en hidratos de carbono, respectivamente. Esta segunda fase del estudio duró 20 semanas.

Las dietas contenían el 60, 40 y el 20 % de la energía en forma de carbohidratos. La grasa, inversamente, se situó en un 20, 40 y 60 %, respectivamente. El contenido de proteínas fue similar en las 3 dietas (20 %).

Durante esta fase, la ingesta energética de los participantes fue periódicamente ajustada para mantener estable el peso que habían perdido en la primera fase.

En cuanto al método utilizado para calcular el gasto energético se utilizó el del “agua con doble marcado.”

Uno de los elemento peculiares del estudio fueron los estipendios por participar. Incluyendo el coste de las comidas que se ofrecían en el estudio, el total de la compensación económica llegó a los 6.500 Dólares por participante.

Resultados del estudio

De los 234 participantes de la fase inicial, 164 consiguieron la pérdida de peso pretendida del 12 %. Posteriormente fueron aleatorizados a una de las 3 dietas controladas en hidratos de carbono.

Aumento del gasto energético

El gasto energético de los participantes aumentó en 52 kcal al día por cada 10 % de disminución de carbohidratos (en porcentaje del total de calorías).

Ese aumento fue de 91 kcal al día (de -29 a 210) en la dieta moderada en carbohidratos y de 209 kcal al día (de 91 a 326) en la dieta baja, en comparación con la dieta elevada en hidratos de carbono.

Finalmente, el gasto energético fue más pronunciado entre los que habían mostrado una secreción alta de insulina antes de la pérdida de peso.

Conclusiones del estudio

La composición de la dieta parece afectar al gasto energético, independientemente del peso corporal. En este caso, a menor cantidad de carbohidratos, mayor gasto de energía

El gasto energético producido se podría traducir en una pérdida de peso estimada de 10 kg después de 3 años. Esta estimación sería válida para un individuo medio de 30 años, 178 cm de altura y un peso de partida de 100 kg.

En este sentido, una dieta baja en carbohidratos y alta en grasas podría facilitar el mantenimiento de la pérdida de peso. Esto sería así, más allá de la restricción calórica y el aumento de la actividad física.

Investigaciones futuras

Son necesarias nuevas investigaciones para examinar los efectos de la carga glucémica en el peso corporal. También para explorar la susceptibilidad de los diferentes grupos según la secreción de insulina y otros factores biológicos.

De igual modo, es preciso averiguar si la restricción de hidratos de carbono (por ejemplo, con una dieta cetogénica) determina beneficios en casos de obesidad o en condiciones específicas como la diabetes.

Finalmente, sería preciso indagar en los mecanismos que relacionan la composición de la dieta y el gasto de energía.

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