Aceite de palma, el más consumido del mundo

El aceite de palma (o grasa de palma, ya que es sólida a 25 ºC) es una de las grasas más consumidas a nivel mundial. Sus características químicas y organolépticas, además de su precio, la convierten en un ingrediente perfecto para multitud de alimentos procesados.

Su consumo se relaciona con diversos efectos perjudiciales sobre la salud que es preciso tener en cuenta ante su creciente consumo a nivel mundial y en nuestro país.

Aceite de palma: la grasa más consumida

El aceite de palma es un producto agrícola muy rentable, ya que produce varias veces más aceite por unidad de área cultivada que cualquier otra planta o semilla oleaginosa.

La producción de aceite de palma y su consumo a nivel mundial se ha venido incrementando en los últimos años, salvo alguna ligera disminución debida a adversidades climáticas. De este modo, las previsiones para 2018 sitúan la producción por encima de los 65 millones de toneladas, más que en ningún otro año.

Todo ello, convierte al aceite de palma en la grasa comestible más consumida del mundo. En este sentido, es un hecho destacable que no se encuentra en el supermercado junto a las botellas de aceite de oliva, ni en las neveras junto a la mantequilla para su consumo directo. Por contra, aparece como ingrediente en multitud de alimentos procesados, lo que no habla muy bien de nuestra dieta actual.

aceite de palma

Origen del aceite de palma

La palma africana es una planta que crece en climas tropicales y es originaria del oeste africano.  Sin embargo, en la actualidad los mayores cultivadores de la palma y máximos productores de su aceite son Malasia e Indonesia, superando el 80 % de la producción mundial. Entre el resto de productores se cuentan Tailandia, India, Nigeria, Papúa Nueva Guinea, Colombia, Costa de Marfil y Brasil.

De la pulpa del fruto de la palma se extrae el aceite, rico en triglicéridos, vitamina E, carotenoides y fitosteroles. También están presentes determinados residuos como fosfolípidos, ácidos grasos libres, gomas, sustancias de oxidación, etc. Para su utilización final, la industria alimentaria procede al refinado, para obtener así una grasa más neutra y sin color.

Este aceite, de alta calidad y bajo contenido de impurezas es el que se emplea en la producción de alimentos.

Grasa de palma: explotación social y del medio ambiente

La palma se considera una base importante para muchas economías locales de los países donde se cultiva.

En Indonesia y Malasia, países que concentran gran parte de la producción mundial, el impacto medioambiental y social es muy significativo.

La expansión de este tipo de cultivos intensivos se relaciona con la desaparición de bosques tropicales y la expropiación de tierras utilizadas por las comunidades autóctonas. A partir de aquí se producen abusos laborales y explotación de mano de obra barata, junto con la muerte de animales, como elefantes, orangutanes y tigres.

En un contexto de producción mundial creciente, es complicado que la producción de la grasa de palma se convierta en un proceso “sostenible” como se empeñan en publicitar algunas iniciativas empresariales del sector. La realidad es que la pérdida de biodiversidad, la deforestación y la contaminación no se pueden ignorar.

Finalmente, a pesar de los ingresos por la comercialización y exportación del aceite de palma, las comunidades autóctonas ven desaparecer su modo de vida tradicional. A cambio se les ofrece unas paupérrimas condiciones laborales en las grandes plantaciones. Algunos a esto lo llaman progreso.

El aceite de palma en la alimentación

En alimentación, su naturaleza sólida a temperatura ambiente y su textura untuosa lo convierten en sustituto de la mantequilla (más cara), o las grasas hidrogenadas (poco saludables) de muchos productos procesados.

El aumento de su consumo en la Unión Europea y en España es consecuencia de que cada vez estén presentes en un mayor número de alimentos.

Los beneficios del aceite de palma para la industria alimentaria se centran es su textura, su sabor neutro y su punto de fusión (se derrite a mayor temperatura que la grasa de cacao). Esto convierte al aceite de palma en un ingrediente idóneo para coberturas y untables, debido a su elevado contenido en grasas saturadas.

Se trata de un tipo de grasa que se enrancia menos y aguanta más frituras que otras grasas, por lo que se utiliza a menudo para freír patatas y aperitivos.

Por todo ello, el aceite de palma puede estar presente en:

  • productos de panadería y bollería,
  • pasteles,
  • dulces,
  • sustitutos del queso,
  • chips,
  • bombones de chocolate,
  • grasas para confitería,
  • galletas,
  • aceites para cocinar,
  • alimentos congelados (pizzas, tartas, precocinados,…),
  • helados,
  • fritos industriales,
  • sopas y platos de fideos listos para comer,
  • margarinas,
  • salsas,
  • snacks,
  • etc.

Aceite de palma: propiedades y efectos sobre la salud

El aceite de palma es una de las grasas más consumidas en el mundo por lo que es importante saber cuáles son sus efectos para la salud. También hay que conocer cuáles son las consecuencias negativas de un consumo elevado y si presenta algún beneficio para la salud.

Las características nutricionales del aceite de palma están determinadas en gran parte por la presencia de un 50 % de grasas saturadas. Por otro lado, la presencia de sustancias tóxicas derivadas de un proceso de obtención deficiente se ha relacionado con un potencial efecto cancerígeno.

Ácido palmítico en la grasa de palma

Muchos de los efectos sobre la salud del aceite de palma son atribuidos al ácido palmítico, el ácido graso que predomina en su composición.

Sin embargo, no sólo la cantidad de los ácidos grasos que componen la grasa de un alimento parece tener repercusiones sobre la salud. La posición química que ocupa cada ácido graso al almacenarse en los triglicéridos también parece ser relevante. En el caso de la grasa de palma, la posición es diferente a la de la grasa animal. Sus efectos, por tanto, podrían ser menos perjudiciales a igualdad de grasa saturada, sobre todo en lo relativo a la salud cardiovascular.

De igual modo, su contenido de ácido oleico –el ácido graso que predomina en el aceite de oliva– también es elevado (cerca del 40 %).

Las leches artificiales para lactantes suelen incluir ácido palmítico procedente de aceite de palma. Se trata, por otro lado, del ácido graso saturado más abundante en la leche humana. En el caso de las fórmulas infantiles el ácido palmítico parece predisponer a la formación de jabones de calcio que se excretan con las heces, con la consiguiente pérdida de valor nutricional.

Aceite de palma y peso corporal

No está del todo claro el efecto del aceite de palma sobre patologías relacionadas con el aumento del peso corporal. En la aparición de sobrepeso, obesidad o diabetes tipo 2 influyen multitud de factores, por lo que es complicado dirimir la influencia específica de cada tipo de grasa. Si, además, hablamos de un ingrediente presente exclusivamente en alimentos procesados, donde suele abundar, la sal, el azúcar y otros elementos que se relacionan con el aumento de peso, la situación se complica.

Grasa de palma y salud cardiovascular

En contra de los mensajes que se han venido sosteniendo en las últimas décadas, las últimas evidencias no apuntan a una clara asociación entre un mayor consumo de grasa saturada y una mayor mortalidad cardiovascular o una mayor mortalidad total. Sí se observa que la sustitución de grasa saturada por grasa poliinsaturada determina beneficios para la salud cardiovascular.

De igual modo, la sustitución de grasa trans (la grasa con un peor efecto sobre la salud cardiovascular, presente en alimentos sometidos a procesos industriales como la hidrogenación parcial de las grasas) determina una disminución significativa del riesgo de enfermedad coronaria.

Finalmente, los estudios sobre el consumo concreto de aceite de palma no ofrecen resultados concluyentes. El consumo de aceite de palma parece aumentar los niveles de colesterol LDL (colesterol malo), pero su sustitución por otras fuentes de grasa no determina claros beneficios para la salud cardiovascular.

Aceite de palma y cáncer

Es preciso señalar para comenzar que la grasa dietética en general se relaciona con un aumento del riesgo de determinados tipos de cáncer, entre los que se encuentra el cáncer de mama, de próstata y el colorrectal. Sin embargo, no se pueden extraer conclusiones definitivas con tipos específicos de grasa. El ácido palmítico, presente de forma abundante en el fruto de la palma africana, se ha relacionado en investigaciones con animales con el inicio del proceso de metástasis. Sin embargo, estas investigaciones son de difícil extrapolación a la salud humana.

Por otro lado, en los últimos tiempos se ha venido detectando en algunos aceites refinados, incluido el aceite de palma, una serie de contaminantes. Entre ellos se encuentran el 3-monocloropropano-1,2-diol (3MCPD), el 2-monocloropropano-1,2-diol (2MCPD) y los esteres glicidílicos. Todos ellos se relacionan con un mayor riesgo de cáncer. Estas sustancias aparecen durante el refinado a altas temperaturas.

Cómo eliminar el aceite de palma de la dieta

Ante el aumento incesante de la producción y el consumo mundial de aceite de palma hay buenas noticias: ya es posible eliminarlo de la dieta. Para ello, solo es preciso leer las etiquetas de los alimentos. El reglamento sobre el etiquetado, en vigor desde 2014, obliga a especificar la naturaleza del aceite o grasa que aparece como ingrediente en un alimento. Anteriormente, bastaba con el epígrafe “aceite vegetal” que servía para todas las grasas vegetales. En la actualidad, es obligatorio especificar si se trata de aceite de oliva, girasol, colza, palma, etc.

En cualquier caso, que nuestro consumo individual de grasa de palma sea elevado hablará muy mal de nuestra dieta. Significará que existe un exceso de alimentos procesados en ella. No olvidemos que son los alimentos procesados los únicos donde encontraremos este tipo de grasa.

Por último, y tras las diversas reivindicaciones sobre la prohibición del aceite de palma para la alimentación humana, habría que preguntarse por qué otro ingrediente se va a sustituir. Si es por una grasa todavía peor, mejor quedarnos como estamos.

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