VIH en 2018: transmisión, síntomas y tratamientos

El virus de la inmunodeficiencia humana o VIH es el agente causal del SIDA (síndrome de inmunodeficiencia adquirida). Pertenece a una clase de virus conocidos como retrovirus, con un período de incubación muy largo, por lo que puede pasar mucho tiempo entre la infección inicial y el inicio de los síntomas más graves.

El VIH ataca el sistema inmunitario y debilita los sistemas de defensa. La inmunodeficiencia (deterioro del sistema inmunitario) que puede causar el VIH aumenta el riesgo de contraer numerosas infecciones, cánceres y enfermedades que las personas con un sistema inmunitario saludable sí serían capaces de combatir.

VIH y sida

La epidemia de VIH fue descubierta inicialmente en poblaciones heterosexuales en el centro y el este de África, teniendo su origen en la versión animal del virus que afectaba a ciertos primates.

Desde las primeras manifestaciones del sida al comienzo de la década de los 80 del siglo pasado, se han conseguido significativos avances en todos los ámbitos relacionados con la enfermedad, si bien no existe una cura definitiva.

La secuencia en el avance del conocimiento de la enfermedad y su tratamiento comenzó con la identificación del virus causal, el VIH en 1983. Siguió con el desarrollo de las pruebas serológicas para identificar su presencia en 1985. Posteriormente, se comprobó la efectividad de los fármacos antirretrovirales en 1987 y se mejoró con la combinación de diferentes agentes antirretrovirales en 1996. Todo ello ha disminuido la mortalidad en los casos de sida entorno al 80 %. Además, los pacientes con VIH sin ninguna otra enfermedad y con un tratamiento adecuado han logrado una esperanza de vida similar a la población general.

Personas afectadas por el VIH y el SIDA

Hasta la fecha, más de 40 millones de personas han muerto en todo el mundo por causas relacionadas con el sida desde su aparición y son millones de personas las que todavía se infectan con el VIH cada año.

Sin embargo, en la última década, ha disminuido significativamente el número de nuevas infecciones y de muertes relacionadas con el sida. En el año 2000 se contabilizaron 3 millones de nuevas infecciones, mientras que en el 2014 estas descendieron a los 2 millones.

Si bien la tendencia es descendente, aún se producen muchas infecciones y muertes por sida cada año.

En 2014, cerca de 37 millones de personas estaban infectadas con el VIH. Cada vez son más las personas que sobreviven con el virus, gracias a la terapia antirretroviral, que se va haciendo más accesible. A finales del año 2015, 17 millones de personas ya tenían acceso a este tipo de tratamiento.

Infecciones por VIH y sida en España

En España se estima que hay unas 140.000 personas con el VIH, de las que una cuarta parte no lo saben.

Según el Ministerio de Sanidad, en 2016 se notificaron en España 3.353 nuevos casos de infección por VIH.

En cuanto al sida, en ese mismo año se registraron 607 nuevos casos. Aunque la tendencia es descendente, parece haberse ralentizado el ritmo de disminución de casos de SIDA.

El número de nuevos diagnósticos de VIH son superiores a la media de los países de la Unión Europea y de Europa Occidental.

La vía sexual es el modo de transmisión principal en los nuevos diagnósticos de infección por VIH.

Contagio del VIH

La transmisión del VIH requiere el contacto directo con un fluido corporal que contenga virus infectantes o células infectadas. El VIH puede aparecer en cualquier fluido, pero la transmisión se produce de forma principal a través de la sangre, el semen, los fluidos vaginales y rectales y a través de la leche materna.

Las lágrimas, la orina y la saliva pueden contener concentraciones bajas de VIH, por lo que la transmisión a través de ellos es sumamente rara.

No existen casos registrados de transmisión a través de secreciones nasales y de la tos o picaduras de mosquitos.

En este sentido, las causas más comunes de transmisión de VIH son:

  • El contacto sexual sin protección. Se trata de la vía más común de transmisión.
  • La exposición parenteral (transfusión sanguínea, jeringuillas compartidas, etc.).
  • Transmisión de madre a hijo.

Sin embargo, no todas las vías de transmisión presentan el mismo riesgo. De este modo, algunas estimaciones del riesgo relativo para cada una de las vías de transmisión establecen el siguiente listado de mayor a menor riesgo:

  • Transfusión de sangre infectada.
  • Transmisión vertical (de madre a hijo). Sin ninguna intervención, el riesgo estimado de transmisión perinatal va del 15 al 40 % dependiendo de los factores de riesgo de la madre.
  • Relación sexual anal pasiva. El riesgo de transmisión para una relación sexual anal pasiva es 18 veces mayor que en el caso de coito vaginal.
  • Jeringuilla compartida.
  • Relación sexual anal activa.
  • Coito vaginal para la mujer.
  • Coito vaginal para el hombre.

Aunque es posible la transmisión mediante sexo oral, el riesgo es relativamente bajo.

Factores de riesgo para la transmisión del VIH

Además de las propias vías de transmisión, existen factores de riesgo que aumentan la probabilidad de transmisión del VIH:

  • Una carga viral elevada en la persona portadora del VIH.
  • Comportamientos sexuales arriesgados (sin protección).
  • Presencia de infecciones ulcerativas de transmisión sexual.
  • No circuncisión en el hombre.
  • Ciertos factores genéticos.

Infección por VIH: síntomas

Como todos los virus, el VIH se reproduce secuestrando los propios mecanismos reproductores de la célula infectada.

De una a dos semanas después de la infección, el virus es replicado y difundido desde el lugar inicial a otros tejidos y órganos.

La mayoría de pacientes infectados no presentan síntomas del VIH. Se puede producir una inflamación de los ganglios (linfadenopatía) durante la infección crónica previa al desarrollo de la inmunosupresión severa.

Por todo ello, es muy difícil sospechar de la infección del VIH a partir de los síntomas iniciales. Ante cualquier práctica de riesgo sería conveniente hacerse la prueba del VIH. Además de los kits que se pueden encontrar en la farmacia, puedes consultar aquí dónde hacerte la prueba.

Fase aguda de la infección por VIH

La fase aguda transcurre en las 2-4 semanas posteriores a la infección. Se caracteriza por una viremia (presencia del virus en la sangre) relativamente alta. En este sentido, amplias fracciones de los leucocitos encargados de luchar con las infecciones, los T-CD4, son infectados en la sangre y en los nódulos linfáticos. Esta fase se acompaña a menudo de síntomas típicos de catarro:

  • Fiebre.
  • Inflamación de garganta.
  • Dolor de cabeza.
  • Linfadenopatía.
  • Erupciones.

Etapa crónica de la infección por VIH

La etapa crónica o periodo de latencia clínica puede durar de 1 a 20 años tras la infección. Se caracteriza por un constante y lento incremento de la viremia o una gradual caída de los niveles de células T-CD4. Habitualmente en esta fase no aparecen síntomas.

Aparición del sida

La aparición del sida está relacionada con la afectación del sistema inmunitario, considerándose como tal cuando el número de células T-CD4 es inferior a 200 células por microlitro de sangre. Esta situación puede propiciar la aparición de enfermedades oportunistas que tienen lugar por la inmunosupresión:

  • Candidiasis.
  • Encefalopatías.
  • Herpes.
  • Sarcoma de Kaposi.
  • Pneumonía.
  • Toxoplasmosis.
  • Etc.

A nivel sanguíneo, pueden tener lugar diversas irregularidades en muchos de los pacientes que presentan niveles inferiores a 200 células T CD4 por microlitro de sangre. Algunas de ellas son la anemia y la disminución de los niveles de linfocitos, leucocitos o plaquetas.

Prevención y tratamiento de la infección por VIH

La prevención de la transmisión del VIH ha estado en el foco desde los inicios de la enfermedad, especialmente en lo relativo a la transmisión por vía sexual. De este modo, las intervenciones que pueden disminuir significativamente el riesgo de infección (además del tratamiento profiláctico o preventivo con antirretrovirales) incluyen la utilización del preservativo y la circuncisión en hombres. Se ha podido cuantificar en cerca de un 60 % la reducción del riesgo de que un hombre resulte infectado por el VIH al mantener relaciones heterosexuales si está circuncidado.

En la actualidad, el tratamiento con antirretrovirales se establece cuando la enfermedad ya ha sido diagnosticada y el número de células T-CD4 caen por debajo de 350 por microlitro de sangre o si ha tenido lugar la aparición de una enfermedad oportunista.

El tratamiento con antirretrovirales es para toda la vida, ya que suprime la replicación del virus, si bien no es capaz de erradicar los virus ya presentes. En este sentido, el éxito del tratamiento se define como el mantenimiento de la carga viral plasmática por debajo de 50 copias por mL y la reconstitución del sistema inmune.

VIH-2

El VIH-1 es el tipo de virus que causa la mayoría de infecciones a nivel mundial, aunque en ciertas regiones como África occidental y la península ibérica predomina el VIH-2, con un curso muy similar al VIH-1.

 

 

 

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